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Llevar música allí donde más se sufre. Y con ella, esperanza, belleza, alegría y entrega. Es una visión creciente en agrupaciones musicales a lo largo de todo el mundo, gracias a artistas y promotores que son conscientes del poder transformador que surge del hermanamiento entre arte y caridad.

Un modelo que, pese a extenderse en los últimos años, es aún escaso. No son muchos los ejemplos de agrupaciones y orquestas que encuentran en la música la oportunidad de crecer, compartir, elevarse y de ser luz para quienes sufren. Para ellos, en muchos casos, sus escenas no cuentan con reflectores suspendidos, terrazas escalonadas, fosos desmontables o terciopelos pesados. Por el contrario, sus paredes suelen ser lisas, las acústicas humildes, y los espacios son inundados por iluminaciones de neón. Sin embargo, la música que allí surge no es una pieza recreativa más, sino un regalo inolvidable. Para muchos, quizá el único, quizá el último.

Estos son algunos de los casos más consagrados, destacados o, incluso, emergentes en el panorama de la música y arte de la caridad.

Musicambia: «Reconstruir vidas en prisión»

Bajo el lema “transformando vidas a través de la música”, Musicambia ayuda a los internos en prisión a leer, escribir, tocar e interpretar música, generando al mismo tiempo comunidades que benefician la salud y el bienestar de todos los involucrados.

“Usamos la música para construir comunidades de apoyo donde las personas encarceladas pueden establecer conexiones significativas, participar en el aprendizaje y reconstruir sus vidas”, se lee en su página web.

Su historia comienza a partir de 2013, cuando el violista y compositor Nathan Schram fundó Musicambia como una organización independiente sin fines de lucro dedicada exclusivamente a brindar educación musical a las personas encarceladas. Su visión, ofrecer música como catalizador de cambio personal y social en el entorno penitenciario de los Estados Unidos.

El programa pronto se convirtió en una experiencia integral de educación musical que se imparte cada dos fines de semana de septiembre a junio. Bajo la guía de 16 artistas docentes, decenas de hombres encarcelados aprenden interpretación instrumental y vocal, teoría musical, composición musical y actuación en conjunto. Los conciertos regulares presentan composiciones originales de los estudiantes ante un público de hasta 150 residentes, creando momentos de conexión y reconocimiento.

Lo que comenzó como un solo programa se ha convertido en una red creciente de transformación musical en todo el país. Además del Programa Insignia de Sing Sing, Musicambia ahora opera varios programas adicionales con alianzas estratégicas que amplifican su impacto:

YOLA Orquesta Juvenil de Los Ángeles

La Youth Orchestra Los Angeles fue fundada en 2007, cuando Los Angeles Philharmonic y sus socios comunitarios impulsaron este proyecto educativo destinado a estudiantes del Sur de Los Ángeles. Lo que comenzó con 80 estudiantes, hoy en día atiende a más de 1300 jóvenes, proporcionándoles instrumentos gratuitos, instrucción musical intensiva (hasta 18 horas por semana), apoyo académico y formación en liderazgo.

Vinculada en un principio con Los Angeles Philharmonic, con el paso de los años se ha convertido en un programa con identidad propia, que agrupa a estudiantes y profesores de casi 100 programas de música en todo el país. Los lugares que acogen a sus programas se centran en barrios que carecen de los recursos de otros más prósperos, como parques seguros o educación musical en la escuela.

Kinshasa Symphony Orchestra: «Más músicos que instrumentos»

La Orquesta Sinfónica de Kinshasa, en República Democrática del Congo, encuentra sus orígenes en 1993, como resultado de una iniciativa social que buscaba crear desde cero, sin recursos, medios, instrumentos ni músicos profesionales, una orquesta sinfónica con los propios habitantes de la ciudad.

Armand Dianglenda fue el responsable de hacer realidad el proyecto, cuando el autodidacta y conocedor del trombón, piano y violonchelo convenció a un buen número de conciudadanos para aprender a tocar un instrumento. Al principio, tenían más músicos que instrumentos, por lo que comenzaron ensayando en turno de 20 minutos de duración para que todos pudiesen aprender.

“Al comienzo sólo teníamos entre 5 y 6 violines para 12 personas, por lo que tuvimos que crear turnos para ensayar de entre 15 y 20 minutos de duración. Era muy difícil. Pronto empezaron a fracturarse los viejos instrumentos, especialmente las cuerdas. Tuvimos que sustituir las viejas cuerdas por los cables de freno de las bicicletas y así hacer sonar los instrumentos”, relató Dianglenda.

Para muchos, la jornada laboral comienza a las seis de la mañana, a menudo mucho antes para quienes no pueden permitirse compartir un taxi y tienen que caminar kilómetros para llegar a sus lugares de trabajo. A pesar de ello, asisten a los ensayos, que se prolongan hasta bien entrada la noche, prácticamente todos los días. Un ejemplo asombroso de disciplina y entusiasmo, se lee en su sitio web.

Actualmente, un total de 200 músicos han llegado a interpretar a Beethoven, Bach, Händel o Mozart de manera prácticamente autodidacta, en un lugar donde predomina lo que la misma orquesta describe como “una lucha constante por la supervivencia”. Muchos de ellos recorren kilómetros al día y semana para participar en los ensayos, sin obtener ninguna compensación económica por ello. Su sentir es palpable en las imágenes, relatos, documentales y testimonios al respecto, como atestigua Esther Ropón Mesa: “Lo hacen por auténtico amor a la música y lo que ello implica, buscando un camino de evasión de sus problemas y una herramienta de transformación de la realidad”.

Big Noise: confianza, trabajo en equipo y resiliencia

Fundado en Raploch (Escocia) en abril de 2008, se define como un programa de educación musical y cambio social de alta calidad que ofrece formación musical en todos los internos. Comenzaron con seis músicos que apoyaban a 35 alumnos en escuelas y actualmente colaboran con más de 3.500 niños en cinco ciudades.

Big Noise utiliza la orquesta sinfónica como una comunidad donde los niños adquieren una invaluable gama de habilidades y experiencias para la vida. Desarrollan confianza, trabajo en equipo, resiliencia y aspiraciones, así como la capacidad de trabajar duro, apoyándolos para alcanzar su potencial y llevar una vida plena y exitosa, explican desde el programa escocés.

Como parte de su labor asistencial, todos los instrumentos, actividades, comidas y bebidas diarias se ofrecen de forma totalmente gratuita, y sus voluntarios trabajan para que todos los niños puedan participar en los programas.

El programa Big Noise se centra especialmente en la intervención en la primera infancia y la ejecución a largo plazo. Cada nuevo centro Big Noise comienza trabajando con niños de Educación Infantil y de 1.º y 2.º de Primaria, desarrollando gradualmente habilidades fundamentales como la escucha, la concentración, el ritmo y el trabajo en equipo, a la vez que aprenden a tocar un instrumento en grupo.

A partir de 3.º de Primaria, los participantes reciben hasta cuatro sesiones intensivas de clases de música y apoyo extraescolares a la semana durante el periodo lectivo; y hasta cuatro días a la semana durante las vacaciones de primavera, verano y otoño hasta que terminan el colegio.

Joven Orquesta Sinfónica Juan Pablo II: crecer en bondad desde la belleza

Surgida en el contexto de los colegios Juan Pablo II de Madrid y su prestigioso programa de educación musical, nos presentamos como una orquesta sin ánimo de lucro con la misión de acercar la música a las personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Actualmente la componen 50 jóvenes músicos de una media de edad de 14 años, acompañados por sus 15 profesores, músicos profesionales que completan esta gran familia dirigida por Alfonso Valenzuela, Daniel Hurtado y Egle Vasiliuskatie.

Queremos acercar la música a la gente que más sufre y para ello, la Joven Orquesta Juan Pablo II quiere visitar a los que menos poseen en los hogares sociales que les den acogida y compartir con ellos unos momentos agradables, departiendo y ofreciendo un concierto de música sinfónica.

De igual manera queremos regalar nuestra música a los más mayores en las Residencias de tercera edad y a los enfermos en los hospitales, ya sean niños o adultos, así como a los que viven sus últimos días en los centros de paliativos. Y también a los que cumplen condena en centros penitenciarios y allí donde haya gente que sufre en cualquier lugar de España.

La Joven Orquesta Juan Pablo II ofrece estos conciertos de manera totalmente gratuita.

Asimismo, entendemos la música no como un mero entretenimiento o como una actividad estrictamente cultural, sino que consideramos también a la música como un transmisor de belleza, crecimiento, alegría y paz, al servicio de las personas, en concreto como consuelo de las más desfavorecidas.

Así mismo, estamos abiertos a colaborar con las distintas instituciones que nos acojan en el caso de que sus huéspedes quisieran iniciarse en el mundo de la música.

Hasta la fecha, hemos visitado numerosos centros hospitalarios y residencias, buscando ofrecer cercanía, escucha y belleza a los enfermos, ancianos y personas en situación de vulnerabilidad que lo precisan, conscientes de que la música no solo es arte o incluso un motor de cambio social, sino también capaz de elevar a la persona en su ámbito, visión y sentido trascendente.