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La Joven Orquesta Juan Pablo II fue invitada al plató de TRECE el pasado martes 12 de mayo para presentar las grandes claves del Proyecto Dimas. Lo hizo su director ejecutivo, José María Carrera, pocos días después de que se inaugurase formalmente el proyecto en el auditorio del Colegio Juan Pablo II de Parla, donde decenas de internos de los centros penitenciarios de la diócesis de Getafe asistieron a un concierto preparado especialmente por nuestros jóvenes artistas.

Raquel Caldas, directora y presentadora de Ecclesia al día, recibió al impulsor de la Joven Orquesta invitándole a relatar los orígenes de este ambicioso proyecto, surgido a raíz de los estudios musicales impulsados por el consorcio entre la Fundación Educatio Servanda y el Programa Grado Musical.

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“Un día, grabando un pequeño vídeo justo después del COVID, aquello ‘sonó’ y desde ahí la orquesta empezó a crecer”, comenzó relatando Carrera.

Una orquesta con misión

Los primeros conciertos se dirigieron a las familias y padres de los colegios de la Fundación, pero pronto la orquesta comenzó a crecer de un modo muy rápido y gracias al buen trabajo de los profesores.

Fue entonces cuando tuvo lugar un verdadero “punto de inflexión”.

“Había que dar un paso más. Entonces decidimos que la Joven Orquesta iba a tocar de forma totalmente gratuita y solo para personas desfavorecidas, que estuviesen en paliativos, en prisiones, en UCIs o que fuesen personas mayores sin recursos económicos”, explicó.

La realidad que encontraron los jóvenes alumnos les motivó desde el primer momento. Especialmente en los hospitales, donde aprenden a convivir con el sufrimiento de primera mano. Algo que, meses después, ha cambiado por completo la visión de músicos, maestros y responsables del proyecto:

“Lo que está pasando ahora es que cuando los alumnos tocan para los padres y se llenan auditorios, ya no les hace tanta gracia. Prefieren ir a un sitio donde a lo mejor tocan para cuatro niños pequeños, pero son cuatro niños en una UCI. Y ahí es donde ellos sacan lo mejor de sí, donde se están dando, regalando su tiempo, su esfuerzo y su talento. Es un gran aprendizaje para nuestros alumnos”.

El nacimiento del Proyecto Dimas

El Proyecto Dimas comenzó a cobrar forma cuando, poniendo en práctica las obras de misericordia, los impulsores de la Joven Orquesta percibieron que los presos “siempre se quedaban fuera”. Y surgió así uno de los pilares del proyecto: colaborar con la redención y la reinserción a través de la música de los jóvenes alumnos.

“Así empezamos a elaborar este Proyecto Dimas, basado en los tres pasos de prevención, acompañamiento y reinserción”, explicó Carrera.

Los conciertos para la población privada de libertad y la labor de acompañamiento de voluntarios son una de las grandes formas de plasmar el proyecto. El pasado 18 de abril tuvo lugar el primero de los conciertos ofrecidos a más de 70 internos de los centros penitenciarios de Valdemoro, Navalcarnero y Aranjuez, así como a sus familiares.

El concierto fue, sin embargo, el segundo encuentro entre alumnos e internos, después de que cinco presos acudiesen al colegio de Alcorcón para compartir una tertulia con los chicos de secundaria y bachillerato.

“Una tertulia preciosa. Los niños comprendieron por qué deben obedecer a los padres y hacerles caso siempre, y los presos se sienten queridos. Fue una experiencia maravillosa”, relató.

Un día de libertad

Pero, ¿qué supone para un interno un evento como el del pasado 18 de abril? Conocedor de la realidad de los presos, Carrera corroboró que se trata de “un evento único”, especialmente para muchos que llevaban años sin salir a la calle.

La excepcionalidad de la jornada se manifestó, sin embargo, en algo más trascendente y especial.

La clave es que son niños, críos que tocan todo lo bien que pueden. En esos encuentros, el preso percibe al niño y le trata con una mirada distinta, porque también el niño le mira de una forma distinta”.

Ese “cambio de mirada” supone, a su juicio, “el primer paso a la reinserción”.

Para el impulsor de la Joven Orquesta Juan Pablo II, ese camino comienza con “el reconocimiento de lo que se ha hecho mal, la aceptación del castigo que se merece y pedir perdón”. Desde ahí, explicó, “se está en disposición de tener una segunda oportunidad”.

“Esto nos pasa cada vez que entramos en un confesionario y creo que es importante que lo apliquemos al día a día con estas personas: en el momento en el que una persona quiere ser redimida, debe tener la oportunidad”, añadió.

Música, esfuerzo y reinserción

Para poner en práctica esta visión, Carrera citó opciones como el estudio, el trabajo, el esfuerzo, el orden, las rutinas y el sacrificio.

“También a nosotros nos gustaría aportar nuestro pequeño grano de arena, meter nuestros chelos, violines y violas, y poder enseñarles poco a poco, para que puedan montar su pequeño grupo de cámara”, agregó.

Tras incidir en la importancia del “cambio interior” que debe dar cada interno, Carrera aludió a San Dimas, el buen ladrón, “el primero al que Nuestro Señor envió al Cielo”, como reflejo del auténtico espíritu de arrepentimiento, perdón y redención.

“Él fue el primero de todos. Con lo cual, ellos pueden salvarse y nosotros podemos no hacerlo, en un momento determinado. Ellos no son menos”, concluyó.

Y resumió así el sentido último del Proyecto Dimas: “Simplemente se trata de mirarlos como lo que son: personas”.

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A continuación, la entrevista completa en TRECE: