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El próximo 18 de abril, el auditorio del Colegio Juan Pablo II de Parla acogerá un evento tan emotivo como extraordinario: con motivo de la Jornada Diocesana de Pastoral Penitenciaria, los 60 jóvenes músicos de la Orquesta Sinfónica Juan Pablo II tendrán la oportunidad de ofrecer su repertorio musical más destacado a la población reclusa de los centros penitenciarios de Valdemoro, Navalcarnero y Aranjuez.  

Entre otras, los jóvenes músicos interpretarán icónicas piezas que combinan grandes hitos clásicos como O mio babbino caroo Nesum Dorma -dos icónicas arias de Giaccomo Puccini– y Peer Gynt, con conocidas bandas sonoras, desde La Gran Evasión, La Bella y la Bestia, Piratas del Caribe o Como entrenar a tu Dragón a un medley de Pixar.

Hay esperanza, dentro y fuera de prisión

El concierto, preparado con un cuidado y entrega equiparables a lo excepcional del evento, es el resultado de la colaboración del Colegio Juan Pablo II, la Joven Orquesta Juan Pablo II y la Fundación Educatio Servanda con la organización diocesana de la Pastoral Penitenciaria. Una colaboración que nace del proyecto musical de la Fundación, con la misión y objetivo de llevar su música y esperanza a las personas más desfavorecidas. De este modo, los jóvenes músicos buscan poner en práctica las obras de misericordia corporales -visitar a los presos- y espirituales, consolando, sufriendo y orando con quienes lo precisan y solicitan, sumándose a los hospitales, asilos, centros de cuidados paliativos y UCIS que visitan asiduamente.

Dicho concierto será el primero del Proyecto Dimas, dedicado específicamente a la atención a centros penitenciarios en alusión al primer santo de la Iglesia Católica.

Días antes, los alumnos y jóvenes músicos tuvieron una primera toma de contacto con algunos de los reclusos que asistirán al concierto. La misma Joven Orquesta impulsó en su alma mater, el Colegio Juan Pablo II de Alcorcón, una primera visita de internos a los alumnos, con quienes compartieron una mañana dedicada a la prevención de conductas delictivas.

Prevención, acompañamiento y reinserción, los pilares

Conocido como “el buen ladrón”, San Dimas atracaba a los ricos, pero favorecía a los pobres, según indica el Evangelio apócrifo conocido como Protoevangelio de Santiago, uno de los pocos documentos que afirma profundizar en la historia del buen ladrón.

El mismo documento recogería un testimonio de José de Arimatea sobre el buen ladrón, que se dedicaba a saquear a los judíos y robó los libros de la ley en Jerusalén, entre otros crímenes. Por todos ellos terminó siendo crucificado junto a Jesucristo, a quien no dudó en pedir su misericordia y reconocerle como hijo de Dios.

El Evangelio de Lucas dice de él: “Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ‘¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros’. Pero el otro, respondiéndole e increpándole, le decía: ‘¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo’. Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino’. Jesús le dijo: ‘En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso»’ (Lc 23, 39-43).

Basándonos en San Dimas, primer santo de la Iglesia, la Joven Orquesta Juan Pablo II comienza la andadura del proyecto homónimo, especializado en centros penitenciarios y basado en tres pilares: prevención, acompañamiento y reinserción. En torno a estas se desarrollará toda la jornada, marcada por ponencias y charlas de prevención de los internos con alumnos del Colegio Juan Pablo II, un concierto de los alumnos de la Joven Orquesta y una posterior convivencia comunitaria.

La Joven Orquesta Sinfónica Juan Pablo II

La Joven Orquesta Sinfónica Juan Pablo II nace de la inquietud de acercar la música a la gente que más lo necesita. Para ello, organiza desde 2023 conciertos totalmente gratuitos en centros hospitalarios pediátricos y de cuidados paliativos, así como en residencias de ancianos, centros penitenciarios y en cualquier sitio en que puede aportar su pequeño granito de arena compartiendo música. El proyecto de voluntariado ayuda también a los músicos de la propia orquesta, con una edad media de 14 años, para que tomen conciencia de la realidad que viven otras personas: de este modo, aprenden a entregarse a los demás de manera desinteresada y participan de forma activa con acciones que ayuden a los más necesitados, compartiendo su tiempo y talento.